EL CONSENTIMIENTO EN LA DONACIÓN DE ÓRGANOS “POST-MORTEM”


EL CONSENTIMIENTO EN LA DONACIÓN DE ÓRGANOS “POST-MORTEM”

En éste  breve artículo pretendemos abordar la temática sobre el papel que juega el consentimiento en las donaciones de órganos post-mortem, así como su regulación legal.

En primer lugar centrémonos en la posibilidad de ser donante. Según la Organización Nacional de Trasplantes,

“Puede ser donante de órganos toda persona que en vida decida que, a su muerte, sus órganos sirvan para salvar o mejorar la vida de otros. Sin embargo, debe saber que pese a nuestro deseo de ser donante de órganos, no todos podremos serlo, ya que para ello, será necesario que el fallecimiento acontezca una Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital. Es en estas unidades dónde es posible realizar la preservación de los órganos y las pruebas necesarias para realizar una correcta valoración de cada potencial donante. Será el equipo médico quien, una vez realizadas todas las pruebas necesarias, dictamine si el fallecido puede ser donante y de qué órganos”.

En la primera de las locuciones, se indica que puede ser donante de órganos toda persona que en vida decida que, a su muerte, sus órganos sirvan para salvar o mejorar la vida de otros. Ello viene a recoger la idea de que toda persona, en vida, debe decir si otorga su consentimiento o la voluntad de donar sus órganos tras el fallecimiento.

Normalmente la vía para tal declaración suele hacerse en un documento al que los juristas hemos llamado el testamento vital, aunque en la normativa se suele hablar también de documento de instrucciones previas, tal y como reseña entre otras la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, en su artículo 11, que tiene el siguiente literal:

“Por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarlos personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo.[…]”

No obstante llegados a este punto podemos preguntarnos ¿qué sucede cuando la persona fallecida que puede ser considera como donante potencial no expresó en vida su consentimiento? Si formuláramos esta pregunta, la respuesta más evidente sería: si el fallecido no dio consentimiento para la donación de sus órganos, una vez fallecido, de ninguna manera se podrá llevar a cabo su extracción.

Aun así, si analizamos éste caso con la normativa en la mano, nos daremos cuenta de que la respuesta no es tan evidente.

En la Ley 30/1979, de 27 de octubre, sobre extracción y trasplante de órganos, en concreto en su art. 5.2 y 5.3, se indica lo siguiente:

“2. La extracción de órganos u otras piezas anatómicas de fallecidos podrá realizarse con fines terapéuticos o científicos, en el caso de que éstos no hubieran dejado constancia expresa de su oposición.
3. Las personas presumiblemente sanas que falleciesen en accidente o como consecuencia ulterior de éste se considerarán, asimismo, como donantes, si no consta oposición expresa del fallecido. A tales efectos debe constar la autorización del Juez al que corresponda el conocimiento de la causa, el cual deberá concederla en aquellos casos en que la obtención de los órganos no obstaculizare la instrucción del sumario por aparecer debidamente justificadas las causas de la muerte.”

Analizando con atención el precepto legal, se evidencia que hay una formulación en negativo, es decir, podemos decidir no ser donantes si así lo hacemos constar expresamente, pero en principio si no existe esta oposición, todos nosotros somos donantes. Por lo que ahora podemos responder a la pregunta que nos formulábamos con anterioridad afirmando lo siguiente: todos somos donantes de órganos a no ser que expresamos lo contrario.

Obviamente y como es lógico se darán una serie de requisitos para que tal donación sea practicable y factible, pero estos serán de carácter sanitario, dejando el consentimiento y la voluntad en un segundo plano.

No obstante parece ser que la doctrina sí que entiende que hay un consentimiento previo, al que ha denominado consentimiento presunto. Gracias a éste, el cuerpo médico facultado tendrá autorización para realizar la extracción de los órganos del fallecido que no manifestó su oposición expresa.

En la práctica habitual,  cuando hay un donante potencial se pregunta a la familia, ya que se entiende que estos no contradirían la voluntad del familiar finado, estaríamos ante el denominado consentimiento familiar. Con todo, y como ya hemos ido desarrollando, la obligación legal de dicho trámite no existe.

Bibliografía

Página Web de  la Organización Nacional de Trasplantes
http://www.ont.es

Legislación.

-Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.

-Ley 30/1979, de 27 de octubre, sobre extracción y trasplante de órganos.

-Real Decreto 1723/2012, de 28 de diciembre, por el que se regulan las actividades de obtención, utilización clínica y coordinación territorial de los órganos humanos destinados al trasplante y se establecen requisitos de calidad y seguridad.

-Real Decreto 1301/2006, de 10 de noviembre, por el que se establecen las normas de calidad y seguridad para la donación, la obtención, la evaluación, el procesamiento, la preservación, el almacenamiento y la distribución de células y tejidos humanos y se aprueban las normas de coordinación y funcionamiento para su uso en humanos.

-Real Decreto 1825/2009, de 27 de noviembre, por el que se aprueba el Estatuto de la Organización Nacional de Trasplantes.